No sé si has visto la serie «Los Simpson» (si eres de España es casi imposible que no hayas visto un capítulo al mediodía en Antena 3). Pues bien, en la serie hay un personaje, el señor Burns, que es extremadamente rico, dueño de la central nuclear.

El señor Burns, pese a estar nadando en dinero, es retratado en la serie como la persona más rata y tacaña de todas. Por supuesto, con todo el dinero del mundo, no puede prescindir ni de un centavo.

Esto debería parecernos contradictorio, pero como público, asentimos con la cabeza y pensamos, «Sí, tiene sentido».

Hay innumerables ejemplos de ricos egoístas: el Sr. Potter, Gordon Gekko, Smaug el Dragón, los Lannister…

La idea de que la riqueza de uno es inversamente proporcional a su empatía es un elemento básico de la ficción, pero ¿hay una base en la realidad para ello? Y si es así, ¿qué se puede hacer al respecto?

¿Tener más dinero te hace más malo?

Si te preguntara «¿por qué no das más dinero a causas benéficas?«, ¿qué dirías?

Supongo que todos tendríamos una respuesta del tipo «no tengo suficiente dinero«.

Esto suena razonable en tu cabeza.

tener mucho dinero te hace malo?

Pero, ¿y si te dijera que la investigación sugiere que tener más dinero te hace MENOS generoso?

Un estudio de la «Chronicle of Philanthropy» encontró que los hogares que ganan de 50 a 70 mil dólares dieron el 7,6% de sus gastos discrecionales a la caridad.

Los que ganaban 100.000 dólares dieron el 4,2%.

Y los que ganaban más de 200.000 dólares y vivían en un código postal donde el 40% de sus vecinos ganaban lo mismo dieron sólo el 2,8% a la caridad.

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Una encuesta de la Universidad de Notre Dame encontró que los estadounidenses por debajo de la línea de pobreza tienen el doble de probabilidades de dar hasta el 1% de sus ingresos totales a la caridad en comparación a los que están por encima de la línea de pobreza.

Y seguimos con más datos:

Investigadores de la UC Berkeley realizaron un experimento en el que se pidió a los sujetos que se clasificaran en una escala socioeconómica de baja a alta.

Luego se les dio algo de dinero y se les preguntó cuánto considerarían darle a un desconocido.

Una vez más, las personas que se identificaron como de clase baja, regalaron un 44 por ciento más en promedio que sus homólogos de mayor rango.

Tal vez hayas oído hablar de la famosa campaña de «The Giving Pledge» iniciada por Warren Buffet, Bill Gates, y otros multimillonarios.

Están tratando de convencer a otras familias súper ricas para que den la mitad de la fortuna que hagan durante su vida.

Pero, tristemente, de los cientos de miles de individuos de valor neto ultra alto en el mundo, sólo 187 han firmado el compromiso en los 8 años desde que comenzó la campaña.

No se puede negar que hay un cierto sentimiento de «autopreservación» cuando se trata de acumular riqueza.

El dinero no sólo nos hace más posesivos, sino que también puede llevarnos a un comportamiento social odioso y arrogante.

El experimiento del Monopoly

Se hizo un estudio en el que se vieron a 100 personas al azar jugar a un juego amañado de Monopoly.

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La idea era que uno de los jugadores empezaba con el doble de dinero inicial, y recolectaba también el doble cuando pasaba por el inicio.

Estos jugadores favorecidos mostraron mientras jugaban más muestras visibles de victoria, teniendo gestos físico dominantes como mover sus piezas en voz alta alrededor del tablero.

Estos jugadores favorecidos mostraron más muestras visibles de victoria como un gesto físico dominante y movieron sus piezas en voz alta alrededor del tablero.

Incluso comieron más pretzels (aperitivos) que estaban específicamente ubicados más cerca del jugador desfavorecido.

Cuando se les preguntó después qué factores los llevaron a tener éxito, muchos de ellos señalaron una especie de habilidad inherente en lugar del hecho obvio de que el juego estaba muy inclinado en su favor desde el principio.

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Es como si sus cerebros tuvieran que encontrar algún tipo de justificación auto-afirmante para un privilegio que NO habían ganado.

¡La riqueza ficticia incluso puede convertir a la agradable tía Mari Carmen en un lobo feroz  de los bienes inmobiliarios!

¿Qué tiene la riqueza que puede convertir incluso a los mejores de nosotros en un malvado Sr. Burns?

Uno de los factores principales es la conexión entre la riqueza y el poder. Cuanto más grande es tu riqueza, más ventajas tienes en la vida y más poder tienes sobre situaciones, circunstancias y personas.

Y…seguimos con más estudios! (¿Se nota que me gustan?).

En un estudio de la Universidad McMaster, se dividieron en dos grupos a unos individuos, y se le daba el «poder» a uno de los grupos sobre el otro.» Para que os hagáis una idea, unos serían los policías y los otros los prisioneros en una carcel.

Aquellos que se sentían más poderosos eran mucho menos propensos a exhibir lo que los neurocientíficos llaman «Espejo», una copia subconsciente de los comportamientos y estados de ánimo de los demás.

Reírse cuando otros se ríen. Sentir tensión en la habitación cuando alguien dice algo inapropiado. Llorar cuando alguien más llora.

El reflejo es una habilidad vital que nos permite adaptarnos apropiadamente a la gente que nos rodea y encajan en situaciones sociales.

Y es un elemento esencial para permitirnos sentir empatía.

Qué hacer para no caer al lado oscuro

Ahora que eres consciente de algunos de los peligros que vienen con la riqueza, hay pasos que puedes seguir para construir tu empatía y permanecer generoso, sin importar cuánto dinero tengas.

Para empezar, no te aísles o te rodees sólo de tus amigos ricos. Aunque eso es justamente lo que muchos «gurús» de los negocios dicen. 🙄

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Los individuos ricos suelen vivir físicamente más separados de los demás, y cuando socializan, es con gente con su mismo nivel de ingresos.

Pero los estudios muestran que la gente rica que vive en barrios económicamente diversos da el doble de dinero a causas benéficas que los que no lo hacen.

¡Así que dónde vives hace una gran diferencia! 🏡

Y los mismos que hicieron el estudio del Monopoly también descubrieron que disfrutar de la naturaleza puede hacernos más generosos.

La sensación de asombro cuando miras a las estrellas o un extenso paisaje te hace sentir menos importante y por lo tanto es más probable que ayudes a alguien más.

Así que ya tienes una buena excusa para salir más a hacer excursiones a la naturaleza. ⛺

La riqueza no es mala.

O buena.

Es una herramienta que puede impactar en el mundo de manera beneficiosa… y terrible.

Mientras viajas hacia un futuro más próspero, no te olvides de protegerte de los efectos emocionalmente entumecedores de la riqueza.

Por ejemplo, puedes establecer un porcentaje específico de tus ingresos para donar, no importa cuánto pero cumple lo que te propongas.

Y trata de buscar activamente situaciones que te conecten con gente que no es como tú.

Te ayudará a asegurarte de que eres dueño de tu dinero… y no él de ti.

Y tú, crees que la gente rica es más egoísta? Si das a la caridad, ¿cómo decides cuánto? ¿Y cómo te mantienes en ello? Déjamelo en los comentarios 🙂